Jason, el niño que fundó una biblioteca

diciembre 27th, 2009 § 16 comentarios

Enclavada en la vertiente occidental de las montañas Rocosas, se encuentra la pequeña aldea de Elsinore, de 733 habitantes. Es la clase de aldea que la gente escoge para vivir por su aire puro, grandes paisajes y sus buenos caballos.

Situada en el condado de Sevier, Utah, fue fundada en la primavera de 1874 por James C. Jensen. Recibió su nombre oficial de una propuesta del mormón Joseph A. Goung,  ya que el sitio le recordaba a la pequeña población de Elsinore pero en Dinamarca. Además existía una estrecha relación ya que muchos de los primeros colonos eran inmigrantes de ese país.

En 1979, Wayne Hardman un soldado estadounidense se jubiló después de servir 20 años en la marina de los Estados Unidos. Tanto Wayne como su esposa son originarios de Utah, y por ello volvieron a su terruño junto a sus tres hijos para disfrutar de una vida completamente comprometida con la naturaleza. Vivir con amables vecinos, respirar aire fresco y liberarse del mundanal estress de las grandes ciudades era el principal objetivo de la familia Hardman.

Pero para Jason, el menor de los tres muchachos Hardman, era un lugar maravilloso, pero no perfecto, pues carecía de algo muy importante,..una biblioteca.

La última base naval en que su padre había trabajado contaba con cuatro bibliotecas, que Jason había frecuentado con asiduidad. A principios de 1980, entonces con diez años, mencionó el problema a su madre. Vicepresidenta del club literario local, Linda Hardman sabía de varias cajas llenas de libros que permanecían almacenados en un sótano, únicos restos de la última  biblioteca pública de Elsinore, la cual tuvo que cerrar varios años antes por falta de fondos. Su madre le sugirió revisar esos viejos libros.

Cuando Jason empezó a revisar las cajas, se emocionó. Los libros eran viejos, pero se hallaban en buen estado….De pronto se le ocurrió una idea. !Había suficientes libros para organizar una pequeña biblioteca!. En el club literario nadie puso objeciones al proyecto del niño. Pero tampoco se lo tomaron en serio.

Como los libros pertenecían legalmente al pueblo, indicaron a Jason que necesitaba obtener la autorización del Ayuntamiento de Elsinore. El niño no tenía la menor idea de cómo conseguirla, por lo que acudió en ayuda de su padre. “ Quiero iniciar una biblioteca y necesito tu ayuda“. Un mes más tarde Jason fue con su padre al Ayuntamiento y no fue poca la sorpresa de los concejales ante la petición cortes del padre.“Este hijo mío desea organizar una biblioteca“. Preguntaron a Jasón como pensaba organizarla. Les pidió permiso para aprovechar una de las habitaciones sin terminar que había en los sótanos del Ayuntamiento como espacio para la biblioteca. Al alcalde Mark Rose le pareció una idea ridícula, el lugar se encontraba sin calefacción y sin electricidad, aunque para los Hardman eso no era problema, “nosotros podemos arreglar esto“.

Los concejales, como todo el mundo, supusieron que el entusiasmo del muchacho se apagaría en uno o dos días, y que no volverían a oír del asunto.

Ante el paso de los días y la negativa del consejo a tomar una decisión, Jason comenzó a llamar repetidas veces todos los días al alcalde Ross para recordarle su ilusionante proyecto. Cansado de tantas llamadas decidió conceder el capricho infantil. En la junta del Concejo de junio de 1980, el alcalde estableció la posición del ayuntamiento ante el proyecto. Jason haría todo el trabajo necesario y aportaría todos los materiales, el Ayuntamiento no le ayudaría, y aunque la biblioteca tuviera éxito no se incluirían ayudas en los presupuestos municipales. Y por último tendría que haber un adulto presente siempre que la biblioteca estuviera abierta al público….Jason aceptó de buen grado todas las decisiones excepto la última. “Si los adultos no quieren ayudarme a construir una biblioteca, yo no necesito su supervisión“. Cuando declaró ante los concejales, añadió que los llamaría uno por uno cada noche, hasta que cedieran. Enterados de lo que ya había soportado el alcalde, decidieron otorgar el permiso.

En pocas semanas, un voluntario había hecho la instalación de electricidad. Varias personas ayudaron a Wayne y a Jason a construir estantes para los libros. Pronto convirtieron el sótano en algo parecido a una biblioteca. A principios de noviembre de 1980, un mes antes de cumplir once años fue abierta al público.

Al principio, el ir y venir de libros estuvo animado. Pero al llegar el invierno aquel sótano sin calefacción fue mucho menos acogedor, fue una época en principio descorazonadora para Jason por la ausencia de visitantes. Pero pronto todo cambió, su padre reunió retazos de viejas alfombras para cubrir el piso de cemento y junto con un calefactor de queroseno consiguieron contrarrestar el frío. El pequeño bibliotecario perseveró en su empresa aquel invierno.

En 1981 comenzó a cambiar la vida tranquila de Jason, el director del periódico del pueblo encontró un recorte de la vieja biblioteca de Elsinore, y curioso por saber si el bibliotecario más joven de Utah aún estaba activo, envió a un reportero para realizar una entrevista. Una de las redactoras del Salt Lake Tribune leyó el reportaje y lo reprodujo en su periódico de noticiario nacional. De pronto..“el bibliotecario más joven de Utah, se había convertido en el bibliotecario más joven del país“.

En junio de 1982, tocó a su puerta un enviado de la Comisión Nacional de Bibliotecas y Ciencias de la Información. Querían que Jason fuera a Washington a dar testimonio en una sesión conjunta de las dos Cámaras del Congreso, sobre las necesidades de información y la fundación de las bibliotecas en el medio rural norteamericano. En un salón atestado de diputados, senadores, público y periodistas, Jason relató con toda calma como había llegado a organizar con la ayuda de unos pocos la biblioteca de Elsinore. Le tributaron cálidos aplausos.

Una semana más tarde fue entrevistado en un popular programa que se emite en todos los Estados Unidos..“Quien habla“, allí ante el público de la nación expuso el caso de la biblioteca que había fundado, y la necesidad de contar con más y mejores libros…Pronto empezaron a llegar libros procedentes de todo el mundo. Nuevos, usados, ..cajas que contenían decenas de libros. Incluso algunos venían adjuntados con cheques de ayuda. Ese mismo año había reunido cuatro colecciones de enciclopedias y 14.000 volúmenes. Irónicamente su biblioteca era la mayor de la región.

En el lapso de varios meses hizo presentaciones en otros cuatro programas de televisión de difusión nacional, pero donde más se sintió nervioso fue hablando ante una clase de sexto año de enseñanza primaria…“Supongo que los niños me parecen más reales que los adultos“. “De ahí mi temblor de manos“.

En el verano de 1983, Jason Hardman recibió un reconocimiento por sus esfuerzos. La Comisión Nacional de Bibliotecas y Ciencias de la Información deseaba otorgarle un premio…en la Casa Blanca…en presencia del Presidente Reagan. El niño aceptó y entregó al Primer Mandatario una tarjeta de lector honorario de la Biblioteca Pública de Elsinore.

A comienzos de 1984, Jason y su padre volvieron a comparecer ante el consejo del Ayuntamiento. Solicitaron que se nombrara una comisión que ayude a administrar la biblioteca cuando Jason entre en la universidad. El consejo aceptó. También convino en ceder al joven bibliotecario la otra habitación desocupada del sótano, y asignar algo de dinero para ayudar a acondicionarla.

La Biblioteca Jason siguió recibiendo donaciones y ayudas de la administración, ya nadie se pregunta si Jason persistirá con el tiempo en su empeño. Pero donde no había biblioteca pública, ahora sí existe, gracias al sueño de un intelectual de diez años…El carácter es como los cimientos de una casa, se encuentran bajo la superficie…

Sacado de uno de los libros del Baúl,..también más información en Wikipedia, en LDS y Utesax

No existen muchas fotos en la red, tan sólo en rotativos locales como Deseret News y The Milwaukee Sentinel y algunas que he sacado del libro.

Hablando de libros, quizás te gustaría leer la triste historia de Escribir un libro en un abrir y cerrar de ojos

Un baúl de dos añitos

diciembre 22nd, 2009 § 22 comentarios

Hoy 22 de diciembre cumplimos el segundo añito del baúl. Un segundo año quizás menos intenso en cuanto actualizaciones, pero no por falta de ganas sino por las circunstancias de la vida, que todos sabemos que mandan.

Para mi hacer un resumen de este segundo año es simplemente agradecimiento.

Un total agradecimiento por supuesto a todos los que os dignáis en perder un rato de vuestro tiempo en mi pequeño espacio, como siempre de aprendizaje para mi.

No voy a hablaros de las estadísticas del blog, al que le gusten los números las tiene abiertas en el blogroll, aunque creo que este segundo año el blog a sufrido un notable aumento de buenos amigos. Estar cerquita de las 800.000 visitas en el contador de WordPress, me hace pensar que la idea del abuelo Josete y su baúl no es tan absurda como pensaba en un principio. O tal vez si…aunque para gustos no hay nada escrito.

Siento esta corta entrada del aniversario del Baúl, pero como algunos sabéis esta semana por fin he conseguido el renove de mi viejo pc, que ya era hora.

Y claro, tantos años con el mismo sistema operativo del Wates y de golpe y sopetón me voy al cielo con Jobs,  pues ocurre lo que ocurre. No tengo idea de nada…….me pierdo con la mitad de los signos del teclado, acentos, interrogaciones, vamos de todo un poco. Sin hablar del resto del sistema.,..eso sí soy un niño feliz con zapatos nuevos pero que no sabe andar. …Veremos las próximas entradas….

Aprovecho ya que coincide el mismo día, para desearos mucha suerte en este día de ilusión de la lotería, más este año con la dura crisis. Ojalá premie a los más necesitados de verdad.

Un saludo muy afectuoso a todos y FELIZ NAVIDAD.

Jose.

Un tesoro de veinte mil pelotas bajo el agua

diciembre 16th, 2009 § 16 comentarios

Sólo alguien con un espíritu emprendedor, acompañado de una pequeña dosis de suerte puede encontrar un tesoro oculto. Donde unos tan sólo ven el dolor y la frustración de la oportunidad; otros,  básicamente se benefician de los errores de muchos.

Jim Reid dejó el estado de Oklahoma en 1971 para irse a vivir a Florida, donde consiguió un empleo de inspector en el parque de atracciones de Disney World. Sus ingresos eran de unos 250 dólares a la semana. Fue allí donde conoció a Beverly, una chica que trabajaba para la compañía de teléfonos con quien se casó.

Jim aprendió a bucear, afición que le sirvió para explorar en busca de monedas y objetos de valor. Cierto día se puso su traje de buzo y se zambullo en una trampa de agua de un campo de golf, sólo para ver qué encontraba.

Lo que allí vio le sorprendió. El fondo estaba totalmente tapizado de blanco. !Había miles de pelotas de golf!“. Sacó unas cuantas y las examino a la luz del día. “La mayoría estaban como nuevas”. Entonces se las enseñó al administrador del campo de golf, quien le ofreció diez centavos por cada pelota en perfecto estado.

Vista la oferta, Jim no dudó y volvió a zambullirse. Ese día sacó más de 2.000 pelotas, que representaron una ganancia casi igual a su sueldo de una semana. Tras consultar con Beverly, decidió dejar su empleo y dedicarse por completo al productivo negocio del rescate de pelotas de golf..según él, “oro blanco”.

“Me sentía un poco incómodo”, comenta Jim. “Cuando me preguntaban en que trabajaba, respondía que me dedicaba a meterme en lodazales para sacar pelotas de golf”, y claro, “la gente me miraba con mucho recelo”.

Con todo, seguía zambulléndose, y la cosecha era abundante. Al principio llegaba a casa con el coche cargado de pelotas de golf, y las limpiaba en la lavadora de Beverly, que aunque ella apoyaba a su marido, no estaba dispuesta a permitir que destrozara su máquina, así que Jim se compró la suya. A los vecinos tampoco les encantaba la idea. Basta con imaginarse el ruido que hacen unas 500 pelotas de golf girando en una lavadora hasta altas horas de la noche. Para acallar sus protestas, fueron contratados en su empresa.

Con el tiempo, probó diversos métodos. Intento lavar las pelotas con una mezcladora de cemento, pero este procedimiento les desgastaba los hoyuelos, lo cual hacía que no volaran en línea recta.

Corrió la noticia, y otros buzos comenzaron a interesarse en esta actividad. Jim les compraba las pelotas que rescataban. Al poco tiempo, había un tráfico constante de camiones que llegaban con pelotas viejas y cubiertas de fango y se iban con un cargamento de pelotas renovadas.

Como no podía contratar a todos sus vecinos descontentos, Jim trasladó su negocio a una zona industrial.

Los buzos recibían 8 centavos por cada pelota. Uno de ellos, Dan Becher, demostró ser uno de los mejores en su oficio. En 1993 rescató 652.000 pelotas, consiguiendo unos beneficios de 60.000 dólares por año.

Cuando Jim Reid renunció a su trabajo de Disney World, calculó que tendría que encontrar 2.500 pelotas de golf a la semana para ganar lo mismo.

Con el tiempo, su empresa, llamada Compañía Recicladora de Pelotas de Golf Segunda Oportunidad, recibió entre 80.000 y 100.000 pelotas al día, algunas procedentes de lugares tan lejanos como Hawai. En 1993 tuvo unos ingresos brutos de más de  1 millón de dólares.

Con la empresa completamente en auge, la familia Reid al completo, Kelly, Raina y Debbie, sus hijas, se encargaron de la clasificación de las pelotas de golf, en una mesa especial situada en la planta.

Lo único que podía perjudicar a la empresa es que alguna de las compañías fabricantes sacara al mercado pelotas flotantes. Según Jim: “Eso sería peor para ellas”, “según como están las cosas, todo el mundo gana dinero, excepto el golfista que pierde la pelota”. Cada año se fabrican alrededor de 200 millones de pelotas de golf. “A donde van a parar la mayoría?..Pues al agua. Cuando aprenderán los golfistas?…espero que nunca.

En mayo de 1994 Jim Reid, vendió su empresa por 5,1 millones de dólaresSport Supply Group, una compañía de Dallas que cotiza en la bolsa de New York.  A la edad de 50 años se  jubiló y junto con su familia, dedicó gran parte de su tiempo a realizar cruceros desde Fort  Pierce a las Bahamas a bordo de su yate, llamado, “El ladrón de pelotas“.

“Quizás algún día aprenda a jugar al golf, un deporte que jamas he practicado pero que le debo mucho “…

La historia, que tiene pelotas, la encontré en uno de los libros del baúl, Readers Digest de 1995. Y en The New York Times, y Si Vault

Fotos de Life y del libro de Readers Digest.

Si te gustan personajes con espíritu emprendedor, puede que te guste James Turrell, el artista de la luz

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