Diamantes de la vida, un tesoro de beneficencia

mayo 26th, 2010 § 11 comentarios

Los llamaban diamantes de la vida, grandes gemas en bruto, de la mejor calidad, que los judíos ricos de Europa Oriental compraron en las primeras décadas del siglo XX como protección, un pasaporte a un refugio seguro y a una vida nueva cuando vinieran los días de persecución.

Todo cambio en 1939 cuando el Tercer Reich invadió Polonia y después los Balcanes y la Unión Soviética. En los territorios que los nazis ocuparon en Europa Oriental, y sobre todo en sus campos de exterminio no hubo diamantes de la vida, sino de la muerteCuarenta de ellos habían viajado de las minas de Sudáfrica a los centros de comercio de gemas de Amsterdam y Amberes, de allí a las ciudades guetos y poblaciones judías de Europa Oriental y, por último, a los campos de concentración de la región, donde los nazis se los arrebataron a los prisioneros y a los que ya fueron muertos.

Todas las piedras preciosas fueron nuevamente enviadas a Holanda, así como a Estrasburgo. Cerca de está ciudad, situada en Francia, en la frontera con Alemania, dos soldados estadounidenses tras una meditada emboscada consiguieron arrebatar a la policía política nazi, el preciado botín. Ante el peligro de ser descubiertos, enterraron las innumerables gemas en una trinchera, para quizás volver un tiempo más tarde,…en realidad permanecieron durante más de medio siglo.

Esta es la historia de esos diamantes, que fueron recuperados y cómo volvieron a transformarse, esta vez de maldición en bendición, de despojos de muerte en símbolos de vida.

Durante el verano y principios del otoño de 1944, el séptimo Ejercito de los Estados Unidos y sus aliados franceses avanzaron hacia el norte por el valle de Ródano. En diciembre, la unidad de Samuel Nyer llegó a los Vosgos, macizo montañoso de unos 200 kilómetros de largo poblado de bosques de pinos. El frío se recrudeció tanto como la resistencia alemana. Comenzaba uno de los inviernos más rigurosos en 40 años.

En las montañas la unidad de Nyer estaba casi a cero grados, y la nieve llegaba a las rodillas. La lucha era cuerpo a cuerpo. Aunque Nyer era un joven de ciudad, estaba entrenado como soldado de avanzadillas, es decir, como explorador capaz de atravesar las filas enemigas para obtener información de toda su situación. Era un trabajo peligroso, y muchos de sus compañeros habían perdido la vida, casi siempre a manos de francotiradores alemanes.

Para la peligrosa tarea solía asignarse una pareja de exploradores. El último explorador asignado a Nyer sustituyendo al anterior malogrado, era un morenito bajito llamado Tommy Delion, una persona muy hábil para rastrear y recorrer grandes distancias, según Nyer una decisión acertada.

Alrededor del año nuevo de 1945, Nyer y Delion se adelantaron al grueso de la tropa, y poco antes de la medianoche llegaron a la muralla de un pueblo cercano a Estrasburgo. Tenían orden de cruzar un pequeño puente que había sobre un canal, y encontrar una brecha en la muralla. Pero en cada extremo del puente había un artillero alemán con una ametralladora, como no disponían de armas equivalentes se deshicieron de ellos con mucho sigilo. Una vez despejado el puente, la pareja de exploradores descubrieron un agujero en la muralla y se introdujeron en él. Al cabo de unas horas, los alemanes aún tenían en su poder la mitad del pueblo, pero como a ambos se les estaba terminando las municiones, se replegaron para reagruparse.

Con el pueblo en un silencio sepulcral, Nyer y Delion avanzaron por las calles principales sin despegarse de los edificios, sin hablar, comunicándose con gestos, silbidos y señas. A mitad de una de las calles, Tommy advirtió a alguien a la vuelta de la esquina, al parecer un oficial entrando en un edificio con un pesado maletín de roble. Tommy se acercó y al mirar por una rendija vio a tres oficiales dentro. Inmediatamente sacó una granada del cinto y la arrojo al interior…A los pocos segundos se oyó la detonación seguida de gritos y quejidos.

Tras un inquietante tiempo de silencio, decidieron entrar. En el fondo de la habitación había una pared cubierta con cajas de seguridad, a la izquierda una hilera de mesas, a la derecha una enorme caja fuerte con ruedas, tiradores y manijas y en el suelo, los cuerpos de los tres oficiales muertos. No eran simples soldados de la Wehrmacht, que tan acostumbrados estaban a ver por esa zona, sino mucho mayores, llevaban uniformes negros con una calavera y huesos cruzados. Sin lugar a dudas, agentes de la SS.

Algunas cajas de seguridad estaban abiertas. Al lado de uno de los agentes muertos estaba el maletín de tejido de alfombra, de color marrón. Había una inmensa fortuna en esa pequeña habitación.

Acto seguido en la calle comenzaron los disparos y explosiones, por lo visto las tropas francesas comenzaban a marchar por las calles del pueblo. Nyer se quedó mirando la maleta que estaba a reventar de bultos, y finalmente la recogió del suelo y salió corriendo con ella.

Nyer y Delion habían tropezado con un botín de guerra de los nazis, valores que se habían arrebatado a judíos de Europa exterminados en los campos de concentración, y que las SS guardó en depósitos privados de Estrasburgo y sus alrededores.

Más tarde ese mismo día, cuando las tropas cesaron los combates, los dos soldados se refugiaron detrás de un muro para inspeccionar el maletín. Había rollos de oro batido y monedas de plata, copas de ambos metales, bolsas de joyas y un estuche de madera con un servicio de mesa de oro. Pero tras un falso forro, sacó una bolsa de piel del tamaño de un balón de fútbol, tenía impresas unas letras doradas, Tommy abrió la bolsa y había 40 piedras grandes, blancas como la nieve, algunas del tamaño de una avellana, y otras como nueces.

Soñaban con la vida que se darían al acabar la guerra, convencidos de que así había algo por lo que valía la pena vivir. Pero era imposible llevar consigo el maletín, así que decidió coger la bolsa y en ella meter la mitad de las piedras y se las guardó en el bolsillo del pantalón y atadas al cinto. Delion hizo lo mismo….Parecían ridículos, un par de muchachos flacos con una protuberancia gigantesca en el bolsillo. El resto, esa misma noche se reunieron detrás de una iglesia con otros soldados de su compañía, y cada uno cogió algo.

Todas las noches después de la peligrosa jornada, buscaban un lugar seguro donde contar los diamantes y soñar con la vida que iban a darse cuando terminara la guerra.

Pero los diamantes eran un peligro porque entorpecían la marcha. Una de las noches en la trinchera, Nyer decidió que era hora de esconder los diamantes. Tenía la cadera en carne viva por el constante roce de la bolsa de piedras contra su cuerpo, cada vez que caía al suelo se llevaba un fuerte golpe, pero lo peor es que estaban resultando una carga demasiado pesada, y si querían salvar la vida debían andar ligeros para poder desplazarse con rapidez.

Tras encontrar el lugar idóneo pasaron casi toda la noche escarbando, a fin de cuentas tan solo portaban una paleta y un cuchillo. Al amanecer habían llegado a casi un metro de profundidad, juntaron los diamantes y allí los enterraron. Nyer pensó que en cualquier momento podían volver a desenterrarlos, cuando se permanece mucho tiempo en un mismo sitio y no se hace más que observar el paisaje a todas horas, se sabe como llegar allí.

Pero en una guerra sin tregua la suerte solo acompañó a Samuel Nyer, y Tommy Delion murió abatido por la metralla de un proyectil alemán al día siguiente, justo en el lugar del enterramiento.

El pasar los años pudo borrar casi todos sus malos recuerdos de la guerra, pero nunca olvidó los diamantes. Se decía una y otra vez que algún día volvería a la trinchera a por ellos. Quería recuperarlos para hacer alguna obra buena con ellos, estaba convencido de que era un pecado no buscarlos.

Para hacerlo, a mediados de los años setenta viajó a Europa con su hijo Kenneth, fueron en coche a uno de los antiguos campos de batalla. Al bajar del coche comenzaron a caminar y al instante vinieron a la cabeza los recuerdos de la guerra, los muertos, el sufrimiento, los rostros de sus amigos,…le resultaba demasiado doloroso, no podía continuar. Regreso a su país y no hizo más intentos por recuperar los diamantes.

Pero en 1998, Yaron Svoray, ex agente del Yamar, el equivalente israelí del FBI, el hombre que escuchó su historia y se la grabó en el corazón fue quien finalmente, encabezaría una nueva búsqueda. Svoray dedicó años enteros a planear la búsqueda. Estudió la historia de los diamantes, consiguió mapas de Francia y Alsacia-Lorena, le hizo cientos de preguntas a Nyer para comprobar detalles y, con grandes esfuerzos, reunió el dinero que necesitaba para ir a aquella remota trinchera en los bosques de Europa. En 1993 ya había hecho nueve viajes, casi todos financiados por él mismo, sin ningún resultado. En varias ocasiones estuvo a punto de rendirse.

La mañana del 10 de julio de 1999, el grupo de búsqueda se reunió en un promontorio que dominaba el río Blies, en la sinuosa frontera entre Francia y Alemania. Tras una batida a una serie de tres pozos, y al no encontrar nada volvieron a cambiar de lugar. En esos momentos fue cuando Svoray sintió el impulso de subir una pequeña elevación situada a unos 200 metros de allí. Cuando faltaban unos 15 metros para llegar a la cumbre, se detuvo,…ante sus ojos había un pozo intacto que debía de estar en el invierno de 1945, un poco cuesta abajo en un lado había otra depresión, un cráter hecho por la explosión de un proyectil y un tronco caído hacía mucho tiempo. Svoray recordó el relato de las peculiaridades del lugar descritas con minuciosidad por Samuel Nyer, sobre todo cuando el proyectil había estallado cerca de la trinchera y la metralla que salió despedida acabó con la vida de Tommy Delion. En ese preciso momento supo que lo había encontrado.

Poco después Svoray llamó por teléfono a Nyer,…“Tengo una noticia que darle, y es mejor que este sentado, hemos encontrado los diamantes“. “Se acuerda de lo que me prometió hace mucho, al empezar la búsqueda?, que si encontraba los diamantes los donaría a la beneficencia“, fue una promesa, así que todos los diamantes se destinaran a la beneficencia“.

Yaron Svoray es un autor  y periodista de investigación de las infiltraciones de la Alemania Neonazi, la historia de los diamantes fue documentada en su libro, titulado “La sangre de una piedra“.

En la actualidad Svoray ha encontrado un vertedero de restos de bienes judíos saqueados durante Krystallnacht, cerca de Berlín. El vertedero, situado en un bosque de Brandeburgo, es del tamaño de cuatro campos de fútbol y se cree que contienen una amplia gama de artículos de uso personal y ceremoniales, aunque sólo un pequeño número de artículos se han desenterrado hasta ahora. Muchos son los tesoros ocultos que enterraron los judíos deportados,…y muchos son los que vuelven a rescatar sus joyas de valor.

Información y fotos extraídas de La sangre de una piedra, …uno de los libros del baúl.

Más en Wikipedia, y en Jewish Sihgtseeing

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Para los grandes incendios, llamen al pelirrojo

mayo 20th, 2010 § 12 comentarios

Las cuatro de la madrugada de un día de abril de 1962, Paul Neal Adair se estaba vistiendo en Gassi Touil, una zona de lo más calurosa del desierto del Sahara. A pesar del intenso calor, se puso ropa interior de franela y un mono de gabardina roja de cuello alto. Luego, cogiendo un casco rojo, se unió a otros cuatro hombres vestidos del mismo color.

Despuntaba el alba cuando el grupo cruzaban a toda velocidad el gran desierto en automóvil, sin tregua ni descanso rumbo al más grande incendio de un pozo de petróleo de la historia.

El pozo estaba ardiendo hacía ya cinco meses y medio, desde que estalló el fuego el 13 de noviembre de 1961, cada día se habían perdido 15.575.000 metros cúbicos de gas y 3.200.000 litros de gasolina. Y probablemente no habría en todo el mundo más que un solo hombre con la peripecia, la experiencia y el arrojo preciso para sofocarlo. Y ese no era otro que Adair el pelirrojo, un tejano regordete de 47 años nativo de Houston.

El oficio del pelirrojo es uno de los más peligrosos de la tierra, cada vez que combate una conflagración en un campo petrolífero se juega la vida. Porque el único modo de sofocar un incendio de tal magnitud es privarlo del oxígeno que lo alimenta, mediante una potente carga explosiva colocada cerca de la llama. En la labor de reunir todo el equipo que necesitaba se habían invertido cinco meses y cuatro millones de dólares. El elemento más importante en la lista de Adair era un gigantesco artefacto metálico de ocho toneladas llamado “válvula de control“, que se usaría para cerrar el pozo una vez apagado el fuego.

Aun llevando 20 años matando incendios, aquella atronadora y colosal conflagración era la prueba más grande con la que jamás se había enfrentado. El fuego azotado por el viento, adquiría extrañas formas. Era ya un fantástico árbol otoñal, las llamas zigzagueando y elevándose hasta una altura de 135 metros, eran visibles en 150 kilómetros a la redonda en el cielo del desierto. Incluso el astronauta Jonh Glenn la había visto desde su cápsula espacial.

De cerca, un incendio así es un verdadero infierno. El gas brota impetuosamente de un tubo de 33 centímetros de diámetro, a razón de 180 metros cúbicos por segundo, es decir, con velocidad supersónica…,con tanta rapidez que no produce llama hasta que el gas llega a 10 metros de altura.

Aquella mañana de abril acompañaban al pelirrojo sus dos ayudantes permanentes, Asgar Hansen y Edward Matthews. El tercer miembro del grupo era un principiante llamado Charlie Tolar, futbolista profesional que trabajaba con Adair cuando terminaba la temporada deportiva, y finalmente el necesario interprete Karl Wolfgarten, dado que el personal del campo petrolero sólo hablaba francés.

A las ocho y media de la mañana el equipo de matafuegos, después de revisar el equipo en todas sus partes, válvula por válvula y perno por perno, consiguieron elevar su máquina más impresionante,…un tractor monumental con un botalón de 15 metros, a cuyo extremo estaba soldado un negro tambor de hierro. Fue entonces cuando se comenzó al llenado del tambor de hierro con el explosivo, formado por dinamita especial que contenía un elevado porcentaje de nitroglicerina, un total de 250 kilos. Amasó y moldeó los panes de dinamita como quien trabaja con arcilla, después montó las cápsulas detonadoras y empalmó el cable del detonador que terminaba en un disparador instalado en una trinchera a 180 metros del fuego. Desde este abrigo se provocaría la explosión.

Cuando el sol estaba ya muy alto sobre el horizonte, una muchedumbre de 500 personas,…trabajadores petroleros, policías, bomberos, enfermeros y dos helicópteros se hallaban listos para evacuar heridos si ocurría algún percance.

Adair movió una palanca, y la máquina, como un dinosaurio de largo pescuezo, avanzó lentamente.

Balanceándose lentamente la cabeza del dinosaurio se acercaba al lugar metro a metro, hasta que por fin llegó a 30 centímetros de donde el gas grisáceo se transformaba en fuego. Matthews apuntó con los brazos hacia abajo, en señal de que el pelirrojo debía detenerse justo allí, y salir corriendo….Adair saltó del tractor y siguió a su compañero en busca del abrigo de la trinchera. Una vez allí, Mathews activó la carga de dinamita.

Hubo un gran trueno mucho más fuerte que el fragor del fuego, y sobre las llamas anaranjadas y rojas se elevó una cortina de humo negro, a la que sucedió otra de tonos grises y blancos y, en lugar del trueno, se dejó oír un sonido agudo terriblemente molesto. A continuación empezó a caer una llovizna de gasolina…A las nueve y media de la mañana, el más grande incendio de un pozo petrolero había sido “muerto“.

El monstruo, como los tejanos llamaban al reventón, ocurrió en el Sahara el 3 de noviembre de 1961, cuando el gas que subía de un kilómetro y medio más abajo, hizo explosión y lanzó al aire 23.500 kilos de tuberías de acero para perforación, de 11,5 centímetros de diámetro, con la misma facilidad con que un hombre escupe un palillo de dientes.

En situaciones como esta, petroleros de todo el mundo recurrieron siempre a Adair el pelirrojo que adquirió una notabilidad mundial. A la edad de 75 años participó en la extinción de los incendios de los pozos petrolíferos de Kuwait en el conflicto de la Guerra del Golfo de 1991.

Dadas las acciones arriesgadas casi de película del pelirrojo durante su vida, en 1968  el gran Jonh Wayne protagonizó una película titulada Luchadores del Infierno basada en las hazañas de Adair en el desierto del Sahara.

Se retiró casi forzosamente en 1993. “Jubilarse? No sé lo que significa esa palabra, mientras un hombre es capaz de trabajar, se siente bien y es productivo, ha de mantenerse activo“.   “He hecho un trato con el diablo. Dijo que me va a dar un lugar con aire acondicionado cuando vaya por allí, si voy allí.”

Paul Neal Adair el bombero del planeta, murió en el 2004, esperemos que hacia una vida menos calurosa….

Extraído de unos de los libros del baúl Selecciones 1963, y en sitio oficial de Red Adair

Más información en Wikipedia, en Life y en The New York Times

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Vídeo de Red Adair en acción…

César, un perro a la medida del Rey

mayo 7th, 2010 § 9 comentarios

Cuando Eduardo VII murió el 6 de mayo de 1910, Gran Bretaña era la nación más importante del mundo. Poseía el imperio más grande cubriendo un cuarto de la superficie terrestre, a pesar de la creciente competencia de Alemania y los Estados Unidos.

En esa brillante mañana de 1910, fue el día en que un pequeño terrier blanco llamado César en una imagen poco convencional que, drásticamente simboliza la grandeza del Imperio Británico, conmovió a príncipes, presidentes, emperadores, líderes electos y a toda una nación.

Esa necrológica mañana fue un duro golpe contra el imperio que cambió para siempre Gran Bretaña….

Eduardo tenía muchos perros, entre ellos varios sabuesos Bassett, Spaniels y Chow Chow,…pero César era el favorito del rey.

Regalado por la duquesa de Newcastle, el pequeño Cesar ganó rápidamente la simpatía y el cariño del rey. Y fue tal la protección ejercida por el hasta entonces hombre más poderoso de la Tierra, que el perro campaba a sus anchas por las pedanias de palacio con un collar grabado que decía…“ Yo soy César, y pertenezco al Rey“.

Un privilegio ante el pueblo y una garantía de regreso a casa con seguridad. Como animal predilecto del rey, viajó a numerosos viajes por el extranjero acompañando a la corte diplomática. Aunque no siempre fue un invitado de moda, la hija de la supuesta amante del rey Eduardo, Alice Keppel, se quejó en un libro de memorias inéditas que “odiaba a César a pesar de su aseo diario, seguía apestando“.

Pero para el rey Eduardo el pequeño terrier significaba mucho, en 1908 como regalo a su esposa la reina Alexandra, encargó al prestigioso joyero Carl Fabergé elaborar la figura de Cesar con calcedonia, un tipo de cuarzo de gran belleza y brillo, y como no, todo ello acompañado de oro, esmaltes y rubíes.

Fueron unos años de pura felicidad hasta la muerte de Eduardo en 1910, fue entonces cuando a Cesar se le rompió el corazón, ni la mejor atención veterinaria consiguió alentar al animal que apenas comió y bebió, llorando la perdida de su amo.

Con grandes multitudes que recubren la ruta, el cortejo fúnebre por el difunto Rey Eduardo VII hizo su entrada por las calles del centro de Londres, una procesión de dignatarios internacionales siguieron detrás del ataúd, algunos a caballo y otros en carruaje.

Y como espectáculo principal, el pequeño César, trotando con triste constancia a la cabeza de la cabalgata fúnebre.

La visión de César en el funeral capturó rápidamente el corazón de miles de personas, los periódicos de todo el mundo se sensibilizaron del perro favorito del rey, incluso miles de tarjetas postales fueron emitidas.

Al parecer, durante la procesión que concluía en Hyde Park, un perro callejero se precipitó para incordiar el cortejo fúnebre, éste fue reprendido con severidad por el terrier imperial.

César murió en abril de 1914 y fue enterrado en los terrenos de la casa de Marlborough, que entonces era la residencia de la reina Alexandra. En su lápida se compuso una inscripción que dice…“Nuestro querido César quien fue compañero fiel y constante del Rey hasta su muerte, y mi mayor consuelo de soledad y dolor durante cuatro años después“.

Existe una talla de César en los pies de la tumba de Eduardo VII en la capilla de San Jorge en Windsor, todo un honor y un privilegio digno de un rey…

En el ámbito internacional, los hechos ayudaron a alimentar una mayor hostilidad hacia Inglaterra, pero la supremacia del César y la magnificencia de los funerales solemnes eran una proyección del poder de la Gran Bretaña de la primera década del siglo XX.

Más información en Jackson World, en Daily Mail, en Getty Images y en The Cafe Royal

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