El segundo asedio de Leningrado
noviembre 27th, 2010 § 15 comentarios
A finales del verano de 1941 dos científicos especializados en tubérculos estaban cosechando patatas a un ritmo frenético. Una vasta colección de 5000 variedades (conservadas como stock alimenticio de la Unión Soviética), en la estación experimental de Pavlovsk, 45 kilómetros al suroeste de Leningrado, ahora San Petersburgo.
Abraham Kameraz y Olga Voskrensenkaia junto con un grupo selecto de científicos, se apresuraban a desenterrar la enorme colección de semillas. Los nazis se acercaban rápidamente, a los pocos días ocuparían el centro de investigación y procederían a cortar todas las salidas de la ciudad de Leningrado…Un bloqueo que duró 872 días y costó la vida a más de un millón de personas.
El invierno de 1941 fue especialmente frío y cruel. A partir de entonces, todos los suministros de alimentos a la ciudad fueron cortados, la gente se redujo a comer cualquier cosa. Perros, gatos, ratas, suciedad, e incluso entre sí; además de sufrir los constantes bombardeos del ejercito alemán.
Pero en la estación experimental de la plaza de San Isaac, los científicos se apresuraron a desenterrar bajo el fuego de la artillería alemana la enorme colección de germoplasma de campo, lo que significa que las variedades se almacenan en plantas en el suelo. La mayoría de las especies en cuestión no se reproducen fielmente a partir de semillas, por lo que las variedades no se pueden almacenar como semillas. Una gran colección de 5000 variedades de frambuesas, cerezas, fresas, arroz y la más utilizada, las patatas….Todo un enorme trabajo para los científicos, bajo unas condiciones completamente inhumanas.
La estación de Pavlovsk cayó en manos de los alemanes durante el bloqueo de Leningrado, pero antes de la llegada de las tropas, los científicos fueron capaces de mover toda la colección de la estación para su almacenamiento en un sótano de la ciudad. Un banco de semillas que se convertiría en quizás el más famoso y desdichado del mundo, dados los acontecimientos que se vivieron en Leningrado.
A pesar del esfuerzo por proteger el gran banco alimenticio, doce de estos científicos murieron, principal y exclusivamente de hambre. Abraham murió rodeado de grandes variedades de arroz. Olga Voskrensenkaia sucumbió en el sótano delante de una gran colección de patatas.
¿Pero por qué los científicos voluntariamente decidieron sacrificar sus vidas para salvar un puñado de semillas?
Pues quizás fue una mezcla de heroísmo y lucha por salvar de la extinción la biodiversidad de cultivos. Una herencia de caracteres adquiridos del fundador en 1926 de la estación de Paulovsk, Nicolai Vavílov, el genetista y científico más famoso de la era Stalin. Un hombre con ideas puramente socialistas y un gran defensor de la genética. Valílov organizó una serie de expediciones botánicas por todo el mundo mientras desarrollaba su teoría de los centros de origen de las plantas cultivadas. Sin poder cumplir su sueño de terminar con el hambre en el mundo, se le consideró un enemigo del estado y fue encarcelado. Murió dos años más tarde por malnutrición.
No en vano, Vavílov fue realmente el que inició esa lucha científica por conservar los cultivos, y a pesar del heroísmo durante la Segunda Guerra Mundial, en la actualidad la estación de Pavlovsk contiene la colección más grande de Europa de variedades de frutas y bayas.
Actualmente, la histórica estación experimental se enfrenta a un futuro incierto, pues la tierra donde se asienta, se está vendiendo para construir viviendas particulares. Si este desarrollo planificado se pone en marcha, gran parte de la colección se perdería, en esta web, se pide ayuda. Aunque el presidente ruso Dmitry Medvedev anunció recientemente a través de Twitter que el tema será examinado,..se supone.
En la cultura popular existe una novela de la escritora estadounidense Elisabeth Blackwell, titulada “El hambre“que narra la difícil situación en que murieron de hambre los científicos mientras daban su protección al gen de semillas comestibles. También un banda de folk rock de Portland llamados The Decemberists, cuenta la historia de la recogida del tubérculo durante el asedio de Leningrado, con una letra que dice, ” Hemos hecho nuestro juramento a Vavilov, lo moveremos a donde sea, a pesar de nuestros dolores propios de la inanición”.
Más información en Wikipedia, en Huffington Post, en The Guardian, y en Croptrust.
Si te gustan las historias un tanto científicas, igual te puede gustar Un largo experimento de 370 días en la cama, o hablando de camas, quizás te guste Insomios premeditados, historias para no dormir.
Una madre en el infierno
noviembre 20th, 2010 § 6 comentarios
De pie en un espacio azotado por el viento, en el campo de concentración alemán de Bergen-Belsen, un grupo de niños andrajosos tiritaba de frío. Era la primera semana de diciembre de 1944, y después de haber logrado sobrevivir a cuatro años y medio de guerras y muchos meses de encierro, aquellos pequeños judíos provenientes de Holanda se encontraban en el desamparo absoluto.
Apiñados en la oscuridad, los niños mayores trataban de calmar el llanto de los más pequeños, habían visto a los nazis llevarse a sus familiares en un convoy de camiones de la SS. Nadie sabía adonde los llevaban, pero todos habían oído pronunciar en voz baja los nombres de los campos de la muerte: Auschwitz, Treblinka, Chelmno…
En este caos de muerte y desolación, un ángel resurgió del mismísimo infierno, una mujer llamada Luba Gercak, y este es el resumen de su historia…
En la penumbra de una barraca contigua, Luba despertó a la mujer que dormía junto a ella, ¿Oyes eso?, un grupo de niños está llorando. No es nada, repuso aquélla, es otra de tus pesadillas. Luba se había criado en un shetl, como llamaban en Polonia a las aldeas judías. Siendo apenas una adolescente, se casó con un ebanista llamado Hersch Gercak, con el cual tuvo un hijo al que pusieron de nombre Isaac. Entonces estalló la guerra y fueron arrastrados por sus devastadores efectos, los nazis subieron a casi todos los judíos de la región en carros tirados por caballos y los llevaron a Auschwitz-Birkenau, el campo de concentración donde se perpetraban los peores crímenes.
Al pasar por las puertas del campo, Luba abrazó a su hijo con todas sus fuerzas, pero unos agentes de la SS se lo arrebataron y se lo llevaron. Los gritos del niño, de tres años, resonaron en sus oídos mientras aquéllos lo metían en un camión junto con otros prisioneros, demasiado jóvenes para trabajar. Al poco rato, el vehículo partió hacia la cámara de gas. Los días siguientes fueron de terrible dolor, acentuado después de ver pasar un camión que arrastraba el cadaver de su esposo.
Luba ya no quería vivir, pero una fortaleza surgida del fondo de su ser no la dejó darse por vencida, quizás el destino le tenía preparada una misión…
Con la cabeza rapada y el número 32.967 tatuado en un brazo, consiguió que le asignaran un trabajo en el “hospital” de Auschwitz, el barracón adonde llevaban a lo enfermos para dejarlos morir. Transcurrieron días interminables y noches llenas de terror, pero con el tiempo fue aprendiendo alemán y eso le permitió mantenerse alerta ante cualquier movimiento o decisión alemana. Cierto día oyó que unas enfermeras iban a ser trasladadas a otros campos en Alemania, entonces se ofreció a ir con ellas. En diciembre de 1944 la enviaron a Bergen-Belsen, un lugar donde no habían cámaras de gas, pero la desnutrición, las enfermedades y las ejecuciones sumarias lo habían convertido en un centro de exterminio expantosamente eficaz.
Volviendo a la penumbra de la barraca contigua, Luba volvió a despertar tras el llanto de los niños. Esta vez corrió hasta la puerta y con enorme tristeza pudo contemplar un triste espectáculo de un grupo de niños aterrados y muertos de frío. La mayor era un chica de 14 años llamada Hetty Werkendam, quien sostenía en brazos a Stella Degen, de dos años y medio. En el grupo había incluso bebés. Luba les hizo señas para que se acercaran, y en un alemán chapurreado los tranquilizó e indico que le siguieran hacia su barraca. Algunas mujeres trataron de impedir que metiera a los niños en la barraca, pues sabían lo fácil que era despertar la ira de los guardias. Pero ni mucho menos se arredró, tenía que proteger a aquellos inocentes.
Consciente de que no podía esconderlos, fue a informar de lo ocurrido a un agente de la SS para que le dejaran hacerse cargo de ellos. “Le doy mi palabra de que no causaran ningún problema”, pero, usted es enfermera,..¿”Por qué le preocupan estos judíos mugrosos”? , “porque también soy madre y perdí a un hijo”.
Mientras pensaba en lo que Luba acababa de decirle, el agente se percató de que inocentemente le tocaba el brazo, un acto que no estaba permitido que los prisioneros tocaran a los alemanes, así que le dio un puñetazo en plena cara y la arrojó al suelo. La mujer se puso en pie con la boca sangrante, pero no desistió en su actitud rogativa en ningún momento…Conmovido quizás en última instancia o tal vez, por no querer decidir que hacer con los niños, el agente decidió por fin: “Quedese con ellos, por mi que se vayan al infierno“.
En adelante, la comida se volvió su principal preocupación. Las raciones establecidas,(medio tazón de sopa y una rebanada de pan negro), apenas alcanzaban para no morirse. Así pues, Luba salía por las mañanas a rondar el almacén, la cocina y la panadería para pedir, canjear y robar comestibles, mientras el grupo de adopción aguardaban apiñados en la puerta del barracón a verla regresar. Le llamaban Hermana Luba, la mayoría de los pequeños no entendían sus palabras, pero sí entendían que la movía el amor. Y a pesar de las atrocidades que los nazis continuaban cometiendo, había logrado mantener vivos a “sus niños”.
Pasaron los meses del invierno, y los prisioneros de Bergen-Belsen se fueron enterando de que los Aliados ya estaban cerca. Al llegar la primavera de 1945, los alemanes trataron de deshacerse de los cadáveres que habían en todo el campo, pero fue en vano,..se desató un brote de disentería que dejó a los niños deshidratados e indefensos contra la intensa fiebre y los dolores de cabeza del tifus. De los niños de Luba varios enfermaron, pero milagrosamente y gracias al interés y dedicación casi incomprensible por el resto de los presos, consiguió sacar adelante a los niños con las pocas aspirinas que conseguía.
El domingo 15 de abril, una columna de tanques del ejercito británico entró en la ciudad de Bergen-Belsen, por los altavoces se oyó un mensaje en varios idiomas: “Sois libres, Sois libres“.
Había miles de cadáveres por todos los lados, de los 60.000 prisioneros que quedaron, alrededor de 15.000 murieron después de la liberación.
Los 54 niños que Luba Gercak había socorrido y alimentado durante 18 semanas, todos sobrevivieron, exceptuando dos que no pudieron superar el tifus. Los niños fueron alojados en albergues mientras se hallaba la manera de reunirlos con sus madres, de las cuales casi la mayoría estaban milagrosamente con vida. Finalmente fueron trasladados a su país de origen Holanda, la mayoría hijos de los principales talladores de diamantes de Amsterdam, que fueron utilizados como chantaje por los alemanes. Al igual que ocurrió con numerosos científicos judíos.
En abril de 1995, medio siglo después, los pocos de aquellos niños que se habían reunido, decidieron emprender una afanosa búsqueda de los demás. 30 hombres y mujeres que en su mayoría no se habían visto desde la terrible infancia, se reunieron en el ayuntamiento de Amsterdam para rendir tributo a Luba. El vicealcalde, en nombre de la reina Beatriz, le otorgó la Medalla de Plata Honorífica por Servicios Humanitarios.
Las sonrisas de Luba Gercak y de sus niños, expresan en ambas fotos una enorme felicidad, pero no revelan en absoluto la persecución, tortura y asesinato sistemático del que fueron testigos directos. Pensando en las terribles condiciones que se vieron sometidas estas personas y lo difícil que tuvo que ser sobrevivir por uno mismo, resulta casi obligado decir que un ángel resurgió del mismísimo infierno.
Información resumida de artículo de Lawrence Elliott (1998), para Readers Digest encontrado en el baúl.
Artículo completo en Google libros, más en Wikipedia, en Momento digital y en Pilgrim Passages
Si te gustan, que no creo, historias dramáticas que pueden entristecer a cualquiera, puedes seguir castigandote con Diario de guerra de un adolescente o también Experimentando con los Ovitz.
O tal vez el terrible y curioso dibujo de Terezka, una niña que creció rodeada de alambre de puas y muerte,..en mi Baultumblr.
De gira con ballenas
noviembre 13th, 2010 § 18 comentarios
La ballena, esa colosal criatura que quizás con los medios que afortunadamente disponemos, nadie se sorprende ante las imágenes de estos grandes cetáceos. Todo un privilegio que disponemos en la actualidad que quizás llega ha desmitificar una criatura que durante siglos ha inspirado leyendas y como no, grandes y voluminosos espectáculos.
La ballena se diferencia del resto de los mamíferos en que pasa toda su vida, desde que nace hasta que muere, en el agua. No hay duda que épocas anteriores, las personas que vivían tierra adentro y nunca habían visto el mar, pudieran imaginarse las dimensiones reales del extraño animal más grande del mundo.
Una criatura que acrecentó su alegoría y profundo simbolismo de monstruo, en una novela del escritor Herman Melville publicada en 1851, que narra la travesía del ballenero Pequod y su obsesiva persecución de la gran ballena blanca, (cachalote), Moby Dick.
En una época, en la que conocer nuevas criaturas y satisfacer la curiosidad del público era sinónimo de éxito. En 1913 se realizaron grandes espectáculos de exhibición de cetáceos en las pedanías de las zonas portuarias, que sin lugar a dudas hoy en día nos parecerían de lo más alocados, pero el futuro no se crea sin pasado.
Curiosamente y coincidiendo con los progresos de la taxidermia, en enero de 1935, un tiburón ballena capturado en la Isla del Fuego cercana a New York, fue remolcado 4.828 kilómetros hasta la ciudad de los Angeles. Un viaje para que los curiosos en su camino, pudieran obtener una buena vista de las peculiaridades de la desconocida criatura. Se ha de suponer que el cetáceo fue tratado, de lo contrario podría llegar a ser un viaje de lo más fragante.
73 años de edad, 8 toneladas y 32 metros de largo, probablemente puede ser la pieza de taxidermia más grande montada del mundo. Recientemente restaurada, se encuentra en el museo Centerport Vanderbilt del condado de Suffolk en Nueva York.
Continuando por la década de 1955, no hay duda que una nueva ballena salió de gira, eso si, la tecnología avanza y esta vez transportada en la parte trasera de un camión.
Jonah, muerta en las costas de Southport en Inglaterra, realizó la eventual gira inglesa montada en un remolque articulado, donde en un espacio abierto adecuado, los visitantes podían contemplar la gran ballena gigante.
La empresa, propiedad de un empresario escocés y un afamado pintor llamado Carl Pinder, ofrecía a los visitantes una vez pagada la cuota de entrada, el camino a través del cuerpo de la ballena, para así poder apreciar la vida natural del animal.
Fue una gira de exhibición creada por feriantes, comercializada como un evento educativo, aumentando la concienciación sobre el tamaño y la maravilla de estas criaturas,..además de los suculentos beneficios que aportaron a la empresa.
El éxito fue rotundamente internacional,..Jonah, la ballena gigante se exhibió finalmente en el puente de Waterloo. El buque atracó en el puerto de Dagenham donde fue transportada a tierra. La ballena había estado de gira por Holanda, Bélgica, Alemania y Francia, manteniéndose en buenas condiciones gracias a una planta de refrigeración interna y las inyecciones diarias de formalina…Dudoso por la foto de un gendarme a su llegada a París.
Las leyendas y la fascinación por el gran mamífero a perdurado desde que se conoce su existencia, la curiosidad de lo que pueda contener el vientre de la ballena han agitado mentes extrovertidas como la de Alexander Dabell, que en 1843 estableció una tienda de curiosidades en el vientre de una ballena, convirtiéndose en una de las atracciones más antiguas del Reino Unido.
En 1842, en la isla de Blackgang Wight, una enorme ballena había quedado varada frente a los acantilados, Alexander vio su oportunidad.
La compró en una subasta y tras ser limpiada de grasa por los Knackeryard, nombre dado a desolladores de animales muertos de la época, un oficio que perduró durante muchas generaciones,…abrió su exitoso bazar, donde Amelia su esposa le ayudó en todos los aspectos del negocio, ofreciendo así una curiosidad morbosa a los que la visitaron.
En la actualidad, hablar de este tipo de giras populosas es sinónimo de indiferencia y de mucha crueldad. La curiosidad y el interés ha dado paso a la comercialización sin escrúpulos de animales incluso protegidos.,luego, mejor hablar de historia.
Más información en BBC, aquí, aquí, en New York history, en Modern Mechanix, en Mcmahan photo, y en Boing Boing
Más fotos de la gira en París en Getty Images
Si te gustan las giras un poco curiosas y desafiantes, igual te puede gustar Un bloque de hielo para África o quizás Experimentando la ruta de Aníbal






















