Abraham Ulrikab, el corto diario de un Inuit


Los Inuit, que significa “El pueblo”, es como se definen a sí mismos los esquimales de las zonas árticas de Siberia, Groenlandia y América.

Los Inuit que viven a lo largo de la costa norte de Labrador, son los descendientes directos de una sociedad de cazadores prehistóricos, que se asentaron en toda la costa norte de Canadá procedentes de Alaska. Esta cultura llamada Thule se centró en la captura masiva de ballenas; una gente que se adaptó rápidamente a la región sub-ártica de la región de Labrador.

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Los Thules fueron ampliando su territorio hacia el sur a lo largo de la costa de Labrador, probablemente siguiendo los movimientos de las ballenas y las focas; llegando incluso hasta el Estrecho de Belle Isle. Fue allí donde se establecieron los primeros contactos con los europeos, concretamente con pesqueros vascos de España en busca de nuevos territorios de pesca. A mediados del siglo XVI, los pescadores vascos establecieron estaciones en Belle Isle para el procesamiento de aceite de ballena para su exportación.

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Con distinta lengua y cultura, los Vascos y los Inuit tuvieron muchos problemas de convivencia. Durante la época de caza de ballenas en invierno los Inuit aprovechaban para visitar la estación con el fin de hurgar en las herramientas, equipos de pesca y algún que otro bien de la estación.

Después del abandono de las actividades de la empresa vasca alrededor de la década de 1620, más estaciones se establecieron por pescadores franceses durante los siglos XVII y XVIII. A pesar de los siglos de contacto y conflicto  con pescadores europeos el estilo de vida de los Inuit continuó patrones tradicionales, aunque la curiosidad de la civilización comenzó a tocar a su puerta.

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Abraham Ulrikab fue un Inuit integrado en la misión en Hebrón, al norte del Labrador. Unos misioneros moravos que trataban de evangelizar una zona realmente dura.

Abraham junto con su familia se convirtieron en una exhibición de zoológico humano en la Europa de 1880.

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Fueron convencidos para formar parte en una extraña exhibición de la forma nativa de los Inuit, simplemente tendrían que caminar, hablar entre ellos, vestir con sus trajes de pieles y tirar con el arpón. Sería suficiente para ganarse un buen sustento. Dada la vida tan dura de los fríos árticos decidió aceptar.

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El responsable de tal evento no era otro que Carl Hagenbeck, un zoólogo, domador y director de circo alemán. Un personaje que se decidió a exhibir seres humanos pertenecientes a poblaciones puramente naturales.

El 26 de agosto de 1880, Ulrikab junto con su esposa Ulrike, sus dos hijos Sara y María y su sobrino Tobías de 20 años partieron a bordo de la goleta Eisbär, con destino al zoológico público de Hamburgo. Junto a ellos, otra familia cuyos apellidos se desconocen. Terrianiak, Paingo y Noggasak, una pareja de mediana edad junto a su hija adolescente.

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Los ocho esquimales llegaron a Hamburgo el 24 de septiembre de 1880. Nada más llegar fueron puestos en exhibición en el zoológico Tierpark en Stellingen. Toda una expectación que acabó en un éxito rotundo. Ocho días más tarde fueron trasladados al zoo de Berlín, donde permanecieron durante un periodo de un mes antes de emprender una gira europea solicitada a voces.

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Todo parecía marchar sobre ruedas para los organizadores, pero nadie se le ocurrió que estas gentes de las regiones árticas son más vulnerables en la vieja Europa. Las familias iban a ser vacunadas contra la viruela antes de salir de Canadá, pero como en Hebrón no habían instalaciones se pensó en los alemanes. Estos pensaron lo mismo de los misioneros de Moraba e incomprensiblemente dejaron en el olvido.

Comenzaron a caer enfermos, y los médicos no conseguían controlar su terrible enfermedad. No fue hasta la tercera muerte de los miembros de los Inuit cuando se dieron cuenta del terrible olvido. Aunque vacunaron al resto, fue demasiado tarde Abraham murió el 13 de enero y su esposa Ulrike la última en vivir, el 16 de enero de 1881.

Cinco meses después de su partida de Belle Isle todos estaban muertos.

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El diario de Abraham Ulrikab fue publicado en septiembre de 2005 por el profesor Harmunt Lutz, un trabajo editado y traducido en la Universidad de Greifswald en Alemania, en él desglosa las breves vivencias de estos esquimales en Europa.

No fueron los primeros en la amplia colección de seres humanos del señor Carl Hagenbeck, ya en 1874 comenzó su particular zoo con tribus de Samoa, un archipiélago de la Polinesia,  junto con miembros del pueblo Lapón, del noroeste de Rusia. Muchos siguieron el ejemplo de este trafico humano del saber como Eduardo Gehring, Fritz Marquardt y William Siebold. Unos espectáculos que daban la vuelta al mundo llegando a producir enormes ganancias.

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Incluso en el Jardín de Climatación de Boulogne en París, un precioso parque infantil inaugurado por Napoleon III y la Emperatriz Eugenia, se convirtió desde 1877 hasta 1912 en “L´Aclimatación Anthropologique”. La curiosidad de los parisinos se sintió atraída por las costumbres y estilos de vida de Nubios, Bosquimanos, zulúes y muchos otros pueblos africanos en su particular zoo humano.

Este apogeo de muestra étnica fue muy popular entre 1870 y 1940. Solamente en Alemania durante ese periodo se presentaron a la gente más de 300 grupos de diferentes culturas. Claro está que muchas de las veces presentados ante una sociedad como mera mercancía de interés social que hace pensar quien fue realmente el civilizado.

Genial artículo en formato PDF con información y fotos en I Kapitel 8 (Recomendado)

Muy buenas fotos en Aype.net

Más información en Nunatsiaq News, en Wikipedia, en Historische y en Yosemite

También mucho más como no en el Museo Virtual de Labrador

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8 pensamientos en “Abraham Ulrikab, el corto diario de un Inuit

  1. No se que decirte, Josete, hombres en el zoo, humanos esclavizados por humanos, genocidios en nombre de no se que…
    Los humanos podemos ser terroríficos.

  2. Pensandolo fríamente es, hasta cierto punto natural, que una vez que se recorría el mundo y se encontraban nuevas culturas, algunas tan diferentes de todo lo conocido por el europeo medio, y sin que hubiera televisión, se organizaran estas giras de “indígenas”.

    Otra cosa es que esa necesidad mezclada con un erróneo concepto de superioridad provocara resultados deleznables

  3. Me recordaste el libro El País de las sombras largas, que tuvo su continuación en El Regreso al país de las sombras largas, en que se describen las costumbres de los esquimales. Son libros superinteresantes y muy solicitados en Mi Librería.
    No me sorprende que se hayan exhibido a estas personas, los hombres han hecho cosas peores en la historia de la humanidad, solo hay que pensar en la esclavitud, pero lo triste del caso es que este hecho del Zoo humano pudo verse como algo novedoso y genial, sin pensar en el desarraigo de estas familias, como en efecto terminó extinguiéndola.
    Qué interesante, Josete!

  4. ¿En serio los exhibían como animales en el zoo?

    En fin…menos mal que hemos evolucionado un poco. Antes se trataba al diferente como un mero objeto para sacar dinero…

    Me ha impresionado este artículo.

    Un saludo.

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