1915, tregua para la risa y los insultos


Al poco tiempo de comenzar la Primera Guerra Mundial, la estrategia defensiva británica sugirió un sistema principal de trincheras de tres líneas paralelas. Estas nunca eran rectas, sino que se cavaban en un sistema dentado que convertía la línea en segmentos conectados por galerías. Esto implicaba que un soldado no podía ver más de 10 metros a lo largo de la trinchera. El aburrimiento y la melancolía no eran, ni mucho menos lo peor de la vida en estas zanjas de la muerte.

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La trinchera frontal, tenía una guarnición ligera y normalmente sólo estaba ocupada por las tropas de guardia. El espacio entre las trincheras se denominaba “tierra de nadie“, y variaba en distancia  en función del campo de batalla. Normalmente entre 90 y 300 metros era la distancia a golpe de enemigo, aunque en algunos lugares la distancia se estrechó a tan sólo 15 metros, lo que provocó una incesante guerra de granadas y alguna que otra curiosa tregua en las trincheras.

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Este acercamiento produjo tanto batallas encarnizadas como hechos tan sorprendentes como “La Tregua de la Navidad de 1914“, un caso confraternizado en plena nochebuena entre las tropas de ambos bandos. Unos actos de sensibilidad que las altas esferas militares a través de severos castigos intentaron que no se repitiese.

Sin embargo más de 90 años después del peculiar acontecimiento, se ha revelado que acurrucado entre el barro de las zanjas se encontraba el soldado Jonh Frech, que entre balas zumbantes de los alemanes a 75 metros de distancia, encontró el tiempo para elaborar un diario notable. Unas páginas que dan una idea sorprendente a la vida en la línea del frente entre 1915 y 1917.

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En este increíble diario, French describe el horror de las trincheras, la eliminación de los montones de soldados muertos y el duro día a día. Sin embargo lo más curioso son los relatos humorísticos que le dan un toque de humanidad al diario, sobre todo inmerso en muerte y desolación.

En ellos describe el olor tendador de freír tocino o tostar mendrugos de pan, y el alivio de un buena canción, cuando la batalla hace un alto en el silencio. Todo ello compartido por ambas partes de la contienda.

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Unas páginas escritas con su lápiz de cobre inmaculado que relata historias de como se acunó la cabeza de un soldado que estaba muriendo, después de ser abatido por un francotirador, o como un providencial cinturón grueso evitó que un fragmento de proyectil acabara con su vida.

Pero en los momentos de tranquilidad detalla como las trincheras a veces tan cerca entre las dos partes, se producía una tregua temporal para el intercambio de insultos amistosos en tierra de nadie.

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En este incidente bastante curioso, un soldado británico estaba por encima de la trinchera, y comenzó a gritar “Come on over Fritz“, en una comedico acento alemán. En el lado contrario se respondía con “No blooming fear“, con un perfecto acento ingles. Ambas partes se pusieron por encima de las trincheras durante media hora para reír y gritar insultos graciosos los unos a los otros.

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El diario de Jonh Frech permaneció en el olvido en medio de papeles de su sobrina, antes de que se descubriera recientemente, cuando lo hizo, dijo que estaba tremendamente orgullosa de su tío. Impecablemente escritas relató una fascinante visión de los horrores que enfrentan a los soldados acompañadas de anécdotas de amistad, quizás una risa era el mejor medicamento y consuelo en un ambiente tan hostil.

Frech consiguió sobrevivir y fue galardonado con la medalla militar en diciembre de 1917 y la cruz militar por su valentía en abril de 1918. Se casó con una pianista llamada Eva. Lamentablemente lo que no pudieron las balas conseguir lo hizo la tuberculosis, murió de esta terrible enfermedad en 1929 a los 37 años de edad.

A pesar de los horrores de la guerra describió en su diario:” Este juego de guerra es bastante excitante, nunca se sabe lo que vendrá después“-

Unas notas dramáticas, conmovedoras y, a veces divertidas, sin lugar a dudas imposibles en cualquier conflicto en la actualidad.

Más información y fotos en Mail Online, en The Sun y en Bnet

Si te gustan los diarios de guerra no te puedes perder: Len Smith, un lápiz mortífero

11 pensamientos en “1915, tregua para la risa y los insultos

  1. magnifico e impresionante documento !!
    la historia de los ratones para comprobar los efectos de los gases que cuenta en su diario en la entrada del 21 de Junio es tambien sorprendente.

  2. Me recuerda a la película “La Vaquilla” o incluso los monólogos telefónicos de Gila. Salvando las distancias de la cruda realidad y los gags humorísticos.

    Un saludo

  3. Como siempre, una entrada muy interesante. Había leído sobre la tregua de la Navidad de 1914 (a la que tú dedicaste un excelente post) pero no tenía ni idea de este diario. Gracias por compartirlo.

    Un saludo afectuoso 🙂

  4. Resulta increíble conocer la historia de alguien en medio de la guerra se ponga a escribir un diario,… sabiendo que la muerte rondaba en las trincheras. Excelente post, saludos

  5. Amigo Josete,

    Me ha parecido un relato maravilloso y conmovedor. Quizás precisamente el factor humano, el poner cara a la tragedia, hace más terrible aquella inhumana guerra de trincheras. Es asombroso comprobar una vez más que en medio del horror el ser humano es capaz de trascender a su destino.

    Enhorabuena y un abrazote

  6. La risa es salvadora, medicinal. Creo que algo hablé por ahí de cómo nosotros los cubanos lo tiramos todo a choteo y eso nos mantiene alegres y esperanzados. Esta historia que nos traes hoy es digna de una película, a veces se ven tantas historias estúpidas en la tele, que cuando escucha uno la vida real quiere llevarla al cine inmediatamente, pero es la mejor forma de que todos se enteren, de compartirla. Estoy un poco alejada de la PC, pero vuelvo, siempre te doy una vueltecita, ok?
    Un saludo,
    AD.

  7. Como es que te tenia abandonado yo desde aqui???

    Ay ay ay!!! la proxima vez, me tiras de las orejas :p

    Pues si, leyendo a Eulogio, a mi tambien se me ha venido Gila a la cabeza 🙂

  8. Pingback: 1915, tregua para la risa y los insultos | Jonéame

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