Una premonición de dos dígitos


Más allá de la razón, el destino de nuestras vidas y la llegada del punto y final, son fenómenos metafísicos que la mayoría de los mortales intentamos eludir de nuestros pensamientos.

“Pero que ocurre si esos pensamientos los tiene un niño dulce e inocente de 9 años”.

 

Aunque saludable, Brian Korbon le dijo a sus padres que iba a morir antes de cumplir los diez años, su padre el Dr. Greng, un médico racional que no cree en estos fenómenos, se embarcó en un viaje místico a través de la pena; experimentando un mundo creativo que no sabía que existía. Brian previó el futuro, “no os preocupeis pero yo no llegaré a los dos dígitos“.

Preocupados por los pensamientos que rondaban su cabeza, decidieron llevar a su hijo a un terapeuta en Charlottesville, Virginia. Los extraños presentimientos de Brian no cesaron a pesar de los intentos disuasorios.

En mayo de 1993, escribió cartas a algunos de sus amigos y puso un cartel en su puerta que decía, “Brian se va de viaje, no te preocupes por mi“. Un sistema de creencias que no admitía el Dr. Greng y que achacaba a infantiladas pasajeras de niños.

En un mes de mayo realmente agitado, su mama Kathryn, a su regreso a casa, encontró a Brian tirando de un carro rojo por el sendero. Un carro lleno de juguetes y artículos de campamento, quería regalar algunas de sus más íntimas y preciadas pertenencias. Cuando vio a su madre le dijo: ” Estoy listo para ir en mi viaje“, su madre le contestó, “Voy a estar tan triste si te vas“,…”Mama, tengo que ir“.

Su madre le explicó que podía dejar la causa para más tarde, no podía perderse su próximo partido de Béisbol.

El 8 de mayo de 1993, Brian estaba caminando en su primer turno al bate. El siguiente bateador conectó un triple y Brian corrió las bases en una estupenda carrera. Después de anotar su primera carrera de su carrera en las ligas menores, se desplomó.

Brian Korbon un niño aparentemente sano y alegre de 9 años, murió de una fulminante insuficiencia cardiaca. Cuando su entrenador trato de revivirlo dijo:” Algo dentro me dijo que no iba a volver”.

Poco después de su muerte, el estadio donde se había desempeñado el partido, fue renovado y rebautizado como Estadio Brian Korbon C. Una placa fue colocada en el lugar. Este campo de pelota está dedicado a su sabiduría, fe y valentía, que desempeñó Brian en el juego limpio y la alegría de la vida, y los que animan a encontrar un mayor sentido de comunidad y de amor para sus hijos.

A pesar de que su muerte obtuvo atención de los medios, la historia nunca fue compartida por la familia. No fue hasta la publicación de un libro del Dr. Gregg Korbon, Beyond Reason, (Mas allá de la razón), que según él fue por dos razones: El primero ayudar a entender la cadena de acontecimientos milagrosos que pasó con su hijo y el segundo en memoria de Brian.

El Dr. Grengg imparte clases en la universidad de Duke en Virginia, especializado en anestesiología y tratamiento del dolor es autor de libros y artículos de investigación en su campo.

Todo un crédito de veracidad a la historia,….aunque mi incredulidad me hace malpensar en una notableobsesión a no aceptar la muerte“. Es posible más allá de la razón?

Más información y fotos en Beyond Reason y en Npr

Si te gustan las historias fuera de contexto puedes ver también Natasha, ojos de rayos X


8 pensamientos en “Una premonición de dos dígitos

  1. Una historia realmente bonita aunque triste. Algunos de nosotros hemos pasado por momentos tan duros como es la perdida de un hijo y sabemos el tremendo vacio y la incomprensión que se siente, solo por medio de la aceptación eres capaz de seguir caminando.

    Sé que existen seres especiales como este niño, mi hijo también lo fué, supo llevar siempre su enfermedad con una fortaleza y dando un ejemplo a todo el que lo conoció que siempre me he sentido orgullosos de él. Luego cuando parecia que estaba mejor se fué asi también, de momento, en dos segundos, feliz y rodeado de sus amigos y su hermano.

    Quienes le recordamos siempre nos sentiremos privilegiados por haberle conocido.

    Te invito que visites este post:

    http://www.elrincondeopaito.com/2008/07/carta-mi-hijo-raul.html

    Un abrazo amigo Josete, que el tiempo y las obligaciones no me dejan tiempo para nada, pero a escondidas sigo visitandote aunque no comente.

  2. Solo de pensarlo no se expresar palabra alguna que pueda calmar tu vacio y el de cualquier persona que pierda a un hijo. Un abrazo Ramón y idem de lo mismo, las obligaciones nos limitan.

  3. Afortunadamente, no todas estas premoniciones se cumplen. En mi caso, desde muy niño, sin saber el motivo, siempre pensé también que moriría muy joven, no sabía cuando, pero muy joven. Fue pasando el tiempo, y seguía pensando en lo mismo, y en que tenía que disfrutar la vida -carpe diem- a tope antes de que la perdiera, lo que me hizo cometer muchos errores de los que también aprendí.

    Hoy, tengo cuarenta y pico de cigüeña, aquí sigo, y desde hace tiempo apredí a disfrutar la vida plenamente, cuando abro los ojos por la mañana y veo a mi santa a mi lado, cuando veo los ojitos de mi último sobrino-nieto que aún no ha cumplido el mes, cuando veo a un gorrión dando brincos por la calle, cuando veo el sol, cuando veo llover… La ansiedad, afortunadamente, hace tiempo que terminó.

    No me arrepiento de nada de lo que he hecho, pero hay veces que pienso que si ese mal pensamiento no me hubiera asaltado, mi vida se hubiera desarrollado de otra manera.

    Lo siento mucho, Opaíto, no sabía que había tenido que pasar por tan triste trance.

    ¡Saludos!

  4. Bueno, esta entrada y el posterior comentario de Opaito es para abrirle a uno el corazon. Yo tambien soy madre…

    Un abrazo enorme, enorme, enorme para Opaito.

  5. Quiza es la como deberiamos de ver la muerte, como solo una trancision un trip como lo dijo Brian, pero a medida que vamos creciendo nos arraigamos tanto a la vida que no queremos dejarla y olvidamos cuenta que hemos venido de otrolugar o de la nada si le podemos llamar asi a lo que esta sobre nosotros…!!

  6. De todos los miles de millones de personas que han vivido, un pequeño porcentaje probablemente haya tenido “premoniciones” como la de este niño, pero como no se cumplieron, fueron olvidadas. Éste, de casualidad obviamente, acertó. Y por eso se habla de él. Es un tema de probabilidades.

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