Para los grandes incendios, llamen al pelirrojo


Las cuatro de la madrugada de un día de abril de 1962, Paul Neal Adair se estaba vistiendo en Gassi Touil, una zona de lo más calurosa del desierto del Sahara. A pesar del intenso calor, se puso ropa interior de franela y un mono de gabardina roja de cuello alto. Luego, cogiendo un casco rojo, se unió a otros cuatro hombres vestidos del mismo color.

Despuntaba el alba cuando el grupo cruzaban a toda velocidad el gran desierto en automóvil, sin tregua ni descanso rumbo al más grande incendio de un pozo de petróleo de la historia.

El pozo estaba ardiendo hacía ya cinco meses y medio, desde que estalló el fuego el 13 de noviembre de 1961, cada día se habían perdido 15.575.000 metros cúbicos de gas y 3.200.000 litros de gasolina. Y probablemente no habría en todo el mundo más que un solo hombre con la peripecia, la experiencia y el arrojo preciso para sofocarlo. Y ese no era otro que Adair el pelirrojo, un tejano regordete de 47 años nativo de Houston.

El oficio del pelirrojo es uno de los más peligrosos de la tierra, cada vez que combate una conflagración en un campo petrolífero se juega la vida. Porque el único modo de sofocar un incendio de tal magnitud es privarlo del oxígeno que lo alimenta, mediante una potente carga explosiva colocada cerca de la llama. En la labor de reunir todo el equipo que necesitaba se habían invertido cinco meses y cuatro millones de dólares. El elemento más importante en la lista de Adair era un gigantesco artefacto metálico de ocho toneladas llamado “válvula de control“, que se usaría para cerrar el pozo una vez apagado el fuego.

Aun llevando 20 años matando incendios, aquella atronadora y colosal conflagración era la prueba más grande con la que jamás se había enfrentado. El fuego azotado por el viento, adquiría extrañas formas. Era ya un fantástico árbol otoñal, las llamas zigzagueando y elevándose hasta una altura de 135 metros, eran visibles en 150 kilómetros a la redonda en el cielo del desierto. Incluso el astronauta Jonh Glenn la había visto desde su cápsula espacial.

De cerca, un incendio así es un verdadero infierno. El gas brota impetuosamente de un tubo de 33 centímetros de diámetro, a razón de 180 metros cúbicos por segundo, es decir, con velocidad supersónica…,con tanta rapidez que no produce llama hasta que el gas llega a 10 metros de altura.

Aquella mañana de abril acompañaban al pelirrojo sus dos ayudantes permanentes, Asgar Hansen y Edward Matthews. El tercer miembro del grupo era un principiante llamado Charlie Tolar, futbolista profesional que trabajaba con Adair cuando terminaba la temporada deportiva, y finalmente el necesario interprete Karl Wolfgarten, dado que el personal del campo petrolero sólo hablaba francés.

A las ocho y media de la mañana el equipo de matafuegos, después de revisar el equipo en todas sus partes, válvula por válvula y perno por perno, consiguieron elevar su máquina más impresionante,…un tractor monumental con un botalón de 15 metros, a cuyo extremo estaba soldado un negro tambor de hierro. Fue entonces cuando se comenzó al llenado del tambor de hierro con el explosivo, formado por dinamita especial que contenía un elevado porcentaje de nitroglicerina, un total de 250 kilos. Amasó y moldeó los panes de dinamita como quien trabaja con arcilla, después montó las cápsulas detonadoras y empalmó el cable del detonador que terminaba en un disparador instalado en una trinchera a 180 metros del fuego. Desde este abrigo se provocaría la explosión.

Cuando el sol estaba ya muy alto sobre el horizonte, una muchedumbre de 500 personas,…trabajadores petroleros, policías, bomberos, enfermeros y dos helicópteros se hallaban listos para evacuar heridos si ocurría algún percance.

Adair movió una palanca, y la máquina, como un dinosaurio de largo pescuezo, avanzó lentamente.

Balanceándose lentamente la cabeza del dinosaurio se acercaba al lugar metro a metro, hasta que por fin llegó a 30 centímetros de donde el gas grisáceo se transformaba en fuego. Matthews apuntó con los brazos hacia abajo, en señal de que el pelirrojo debía detenerse justo allí, y salir corriendo….Adair saltó del tractor y siguió a su compañero en busca del abrigo de la trinchera. Una vez allí, Mathews activó la carga de dinamita.

Hubo un gran trueno mucho más fuerte que el fragor del fuego, y sobre las llamas anaranjadas y rojas se elevó una cortina de humo negro, a la que sucedió otra de tonos grises y blancos y, en lugar del trueno, se dejó oír un sonido agudo terriblemente molesto. A continuación empezó a caer una llovizna de gasolina…A las nueve y media de la mañana, el más grande incendio de un pozo petrolero había sido “muerto“.

El monstruo, como los tejanos llamaban al reventón, ocurrió en el Sahara el 3 de noviembre de 1961, cuando el gas que subía de un kilómetro y medio más abajo, hizo explosión y lanzó al aire 23.500 kilos de tuberías de acero para perforación, de 11,5 centímetros de diámetro, con la misma facilidad con que un hombre escupe un palillo de dientes.

En situaciones como esta, petroleros de todo el mundo recurrieron siempre a Adair el pelirrojo que adquirió una notabilidad mundial. A la edad de 75 años participó en la extinción de los incendios de los pozos petrolíferos de Kuwait en el conflicto de la Guerra del Golfo de 1991.

Dadas las acciones arriesgadas casi de película del pelirrojo durante su vida, en 1968  el gran Jonh Wayne protagonizó una película titulada Luchadores del Infierno basada en las hazañas de Adair en el desierto del Sahara.

Se retiró casi forzosamente en 1993. “Jubilarse? No sé lo que significa esa palabra, mientras un hombre es capaz de trabajar, se siente bien y es productivo, ha de mantenerse activo“.   “He hecho un trato con el diablo. Dijo que me va a dar un lugar con aire acondicionado cuando vaya por allí, si voy allí.”

Paul Neal Adair el bombero del planeta, murió en el 2004, esperemos que hacia una vida menos calurosa….

Extraído de unos de los libros del baúl Selecciones 1963, y en sitio oficial de Red Adair

Más información en Wikipedia, en Life y en The New York Times

Hablando de fuego, igual te puede gustar Matsuri Hiwatari, un paseo por el fuego o quizás otro ritual como Yadnya Kasada, apaciguar la furia del gran volcán

Vídeo de Red Adair en acción…

13 pensamientos en “Para los grandes incendios, llamen al pelirrojo

  1. Que diferencia, con los personajes que puede haber así en España. Allí se les reconoce, se basan películas en sus hazañas y alguien se ha molestado en hacer su página de Wikipedia. Aquí pasan totalmente desapercibidos.

    Salu2 y enhorabuena, como siempre, por artículos tan interesantes

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  5. Conforme iba leyendo me venía a la cabeza la imagen de John Wayne en la película, aunque reconozco que no me acordaba del título.
    Lo curioso eran los métodos tan tradicionales que se utilizaban para controlar el fuego. Desconozco si los avances tecnológicos actuales han encontrado un método menos peligroso.

    Muy buen post.

  6. Que caña de historia¡¡¡ Seguro que fue un tipo curioso de conocer.
    Sin duda historias como estas te hacen replantearte la vida. Mi nombre seguramente no lo recordará nadie, porque en mi cubículo de trabajo poco puedo hacer para ello, o no?
    Tendré que pensarlo…
    Enhorabuena por el post. Genial.

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