Los isleños que salvaron la vida a JFK


Remando con una canoa cerca del Mar de Salomón, en 1943 en pleno conflicto bélico, dos isleños semi-desnudos trabajaban para los Aliados. Su misión llevar un mensaje detrás de las líneas enemigas en la ciudad de Gizo. Un hecho que hizo cambiar la historia y que curiosamente fueron reconocidos casi 60 años después.

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Durante la Segunda Guerra Mundial Biuku Gasa y Eroni Kumana eran los encargados de patrullar con sus precarias canoas, las aguas del mar de Salamón. Recibían ordenes del guardamarina australiano teniente Arthur Reginald Evans. En 1943,  los japoneses controlaban casi todo el Pacífico Occidental y querían el resto. Las islas Salomón eran pieza clave entre Australia y Nueva Zelanda y Japón ocupó las islas con una brutalidad que sorprendió a la mayoría de los Aliados. Los isleños servían como vigías informadores aun corriendo el riesgo de muerte y de horrible tortura en manos del enemigo.

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En las primeras horas del 2 de Agosto de 1943, la patrullera americana Torpedo PT-109, patroneada por Jonh F. Kennedy junto con otros 12 tripulantes, navegaba en el estrecho de Blackett frente a la isla Kolombangara, su misión al igual que la de otros barcos, hostigar el movimiento de convoyes con suministros para los japoneses.

Justo al llegar la noche, con un cielo completamente oscuro, la patrullera fue embestida por el destructor japones Amagiri. En el PT-109  irrumpieron las llamas y se produjo el caos. Algunos hombres fueron abatidos por las tropas japonesas. Once de los tripulantes supervivientes tuvieron que abandonar el barco nadando.

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Cuatro horas más tarde, y después de nadar cerca de 5 kilómetros llegaron a la isla del “puding y las ciruelas“, renombrada Isla Kennedy, aunque es una isla protegida por los árboles, contenía poca comida por lo que un par de días más tarde, decidieron nadar hacia otra isla más grande a 2 kilómetros, Olasana. Una isla repleta de cocoteras donde consiguieron al menos saciar su sed. Pasaban los días y ningún barco asomaba por el horizonte, la situación era desesperante, hasta que la buena suerte o quizás el destino se cruzó en sus caminos.

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En su canoa Gasa y Kumana alertados por el naufragio de la patrullera, decidieron ir en busca de ropa y alimentos. Encontraron combustible y bolsas de arroz y en su regreso percibieron en las playas de Naru un hombre que les hacía señales. En un principio pensaron que era un japones, así que lo dejaron allí y continuaron, sin saber que en realidad era Jonh F. Kennedy que había nadado a la isla de Naru para estar más cerca de las rutas de navegación.

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En su patrulla de vuelta decidieron parar en Olosama para beber agua de los cocos, fue entonces cuando el grupo de hombres apareció, “Somos de América“. Los hombres se encontraban treméndamente felices por haber encontrado a los isleños. Según los relatos de estos, los hombres se encontraban muy débiles y muchos de ellos lloraban de felicidad. Sobrevivieron durante 6 días alimentándose de cocos,  pero sus fuerzas comenzaban a flaquear.

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Más tarde cuando se reincorporó Kendedy con el resto de la tripulación en Olasana decidieron un plan de salvamento. Desafortunadamente toda la tripulación del PT-109 no cabía en las canoas. Ante la ausencia de medios para escribir, Gasa sugirió a Kennedy grabar un mensaje en una cascara de coco verde. Los dos isleños decidieron arriesgar sus vidas llevando el mensaje a la base naval del puerto de Rendova, situado a 60 Kilómetros de distancia.

Cuando las autoridades de los EEUU habían renunciado a encontrar con vida a los miembros de la patrullera, llegaron Biuku Gasa y Eroni Kumana con la buena noticia. Rápidamente  la armada envió varios barcos para rescatar por fin a Kennedy y su tripulación.

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Sin los esfuerzos heroicos de dos exploradores del Pacifico Sur, el teniente Jonh F. Kennedy probablemente nunca hubiera llegado al final de la segunda Guerra Mundial y mucho menos a ser presidente de los Estados Unidos de América.

Un agradecimiento perdido en el tiempo hasta que el 26 de Mayo de 2002, el anciano Eroni Kumana que se encontraba en un techo de hojas en el pequeño poblado de Gizo,  se le acercó un hombre alto de América. Se presentó como Max Kennedy, sobrino de Jonh F. Kennedy, el hombre rompió en sollozos, “siempre lamenté su muerte“. “Nunca pensé que se acordarían de mi”. Max Kennedy había llegado para presenciar los trabajos del famoso oceanógrafo Robert Ballard en su búsqueda de los restos del PT-109. Max expresó todo su agradecimiento por parte de su familia.

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Desde entonces es visto en fotografías de National Geographic con un sombrero y una camiseta que dice, ” Yo salvé a  J.F.K.”, creando un santuario con un obelisco a Kennedy, nombrado jefe honorario. Recibió por fin algún que otro reconocimiento por parte de la administración. Biuku Gasa vivió en una casa pagada por la familia Kennedy, en reconocimiento a su ayuda. Falleció el 23 de noviembre de 2005.

Más información y fotos en JFK library y en Wikipedia

También en National Geographic y en P. base

Reconocimiento a Eroni ofrecido por la marina en el 2007 en Maritime Quest

21 pensamientos en “Los isleños que salvaron la vida a JFK

  1. jejeje una historia muy curiosa e interesante Josete.. Fenomenal entrada¡¡¡
    Sigo teniendo problemas con tu blog y el explorador.. se me cierra con errores.
    saludos

  2. Increíble.Nunca había oído nada sobre ésto.Ni se me hubiera pasado por la cabeza…
    Ese pobre hombre le salvó la vida al mismísmo Kennedy,y nadie se acordaba de él hasta que apareció su sobrino…Que buena la historia.Parece de película.
    Un saludo.

  3. “A burro muerto -aunque en este caso no llega al extremo-, la cebada al rabo…” Siempre es igual, héroes anónimos sumidos en el olvido que se acuerdan de ellos cuando menos falta les hace. ¡Saludos!

  4. Hola Josete!!!
    Como siempre un post sorprendente, no bajas en ningún momento el listón, amigo.
    Es interesante saber este tipo de historias, frecuentemente caen en el olvido casos similares, importantes. Aunque tarde, llegó la felicitación de los Kennedy.
    Toda una paradoja del destino, JFK se salvó de una situación bastante complicada, gracias a unos valientes desconocidos, para 20 años más tarde ser el blanco de … no se sabe quién.
    Buen trabajo!!!
    Nicky

  5. Yo también llego tarde a tus entradas jajaja. Impresionante historia, no te imaginas lo que aprendo fisgoneando en tu baúl 🙂

    Bicos

  6. HOlaaaaaaaa.. desconocía esta historia tan estelar… gracias amigo.. como siempre eres increíble por tus maravillosas entradas.

    Un abrazo y feliz semana

  7. Preciosa historia. Seguramente en todas las guerras hay héroes anónimos que han ayudado a personas, quizá también anónimas y nunca se ha sabido de ellos.
    Un abrazo.

  8. “Plum Pudding Island”, el nombre coloquial de Isla Kennedy, no significa isla “del puding y las ciruelas” si no Isla “Pudding de ciruela”. Seguramente el apodo se debe a la forma de la isla.

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