El nacimiento de la hamburguesa con queso atómica
noviembre 20th, 2011 § 9 comentarios
Déjame que te cuente una pequeña historia sobre la increíble América. La historia no contada de las hamburguesas que se alimentaban los hombres quemados al sol que construyeron la bomba atómica. Una historia de físicos borrachos, bombas atómicas y el nacimiento de la hamburguesa con queso más radioactiva del mundo.
La madrugada del 16 de julio de 1945, en medio de un tramo desolado y seco de Socorro en Nuevo México, los Estados Unidos detonaron la primera bomba de plutonio. Hubo 240 personas que tenían conocimiento de esta primera prueba nuclear, 239 de ellos eran científicos o militares, altos cargos políticos y el presidente de los Estados Unidos. El único civil, con entrada de primera fila para ver el flash de la nube de hongo trémula, fue el tendero y cocinero J.E. Miera.
A principios de 1945, Miera fue el único anfitrión de un grupo de “buscadores” que intentaban alquilar pequeños establecimientos en medio de la nada, donde poder comer y utilizar el teléfono a todas horas. Estos hombres dijeron que eran perros buscadores de roca y minerales, aficionados a pasar días y noches en medio de la nada…En realidad entre los buscadores estaba, el vaquero atómico Robert Oppenheimer mano derecha del Proyecto Manhattan.
El grupo de científicos encontraron el lugar perfecto en medio de la nada, el bar de carretera, El Buho. Un lugar aislado donde Miera se ganaba la vida no tan bien hasta la llegada de los `buscadores´. Tenía teléfono, gasolina para sus jeeps, techo sobre sus cabezas y lo más importante: cerveza fresca a raudales y buenas hamburguesas con queso. Además de… Chile verde con queso. Montones y montones de verde Chile asado con queso.
Todas las noches en el bar del Buho, algunos de los hombres más inteligentes del mundo, asistían a la gran noche de Nuevo México. Beber y beber cerveza fría y comer hamburguesas quemando sus lenguas con el dulce y caliente chile. La piscina de apuestas para ver quien podía comer más hamburguesas, se encendía entre los científicos atómicos. Uno de los ´flamantes` plusmarquistas del bar de Miera, fue el ganador del Premio Nobel de Física en 1944, Isidor Isaac Rabi.(18 Kilotones).
Y llegó la madrugada del día 16 de julio. Miera, los soldados y los científicos, dirigieron su miradas a través de la distancia entre la puerta del bar del Buho y el infierno de la zona cero. A las 5 horas, 29 minutos y 45 segundos, la bomba estalló. Una nube de muerte se elevó varios kilómetros, la explosión creó un cráter de casi 4 metros de profundidad , abarcando una extensión de más de un kilómetro.
“Nunca lo olvidaré, la tremenda explosión lo levantó todo del suelo, todo el mundo se puso rojo, y no precisamente de chile”.
Esa fue la forma en que el mundo terminó y esa fue la forma en que el mundo comenzó la mañana de julio de 1945….
Con lluvia radioactiva, la arena del desierto se convirtió en un cristal verde radiactivo llamado Trinitite. Todo ser vivo quedó expuesto en cientos de kilómetros. El ganado y la vegetación, incluidos los famosos cactus de donde se elabora el chile, comenzaron su peregrinaje mutativo. Para entonces, el grupo de exploradores dirigidos por el vaquero atómico Oppenheimer, ya estaban muy lejos, dando la confirmación del éxito de la operación al presidente Harry S. Truman…La siguiente estupidez de Truman ya todos la conocemos, Hiroshima y Nagasaki.
Fueron los comienzos fructíferos del nacimiento de la nueva hamburguesa atómica. Hasta casi principios de 1950, los cazadores de recuerdos y los turistas emprendedores de aventuras, pudieron visitar la zona cero y a su vuelta, una parada obligada en Socorro donde poder degustar las hamburguesas con queso y chile del famoso bar del Buho. El lugar de reunión de los eminentes científicos que montaron la primera bomba atómica. En 1950 fue sellada por fin la zona, fueron casi 5 años de sabrosas hamburguesas atómicas…
75 años después, el Bar del Buho continua en el mismo lugar, manteniendo el estilo de preparado de sus hamburguesas que tanto gustó a los exploradores del Trinity Site. Eso si, parece ser que ahora libre de mutaciones.
(`Yo vi cambiar el ganado de color´). Documento de las reaccciones de los vecinos de Socorro tras la secreta detonación, en PDF
Más información en Gilt Taste, en Free Republic y en Life Salon
Casi como si fuese la segunda parte de la historia, puedes leer también La decisión de utilizar la bomba atómica, cuestión de Ciencia o quizás hablando del peligro atómico, igual te puede gustar la increíble historia de El hombre atómico
Pole-sitting, la moda de subirse en el asta de la bandera
septiembre 5th, 2011 § 7 comentarios
Érase una vez en EE.UU. una época sin internet, televisión ni radio, donde la gente buscaba los medios de entretenimiento fuera del hogar. Los violentos años 20 dieron paso a un extraño espectáculo relacionado con permanecer largos periodos de tiempo por lo general en un asta de bandera. Fue algunas de las cosas más tontas que Estados Unidos encontró ‘eternamente’ divertida…
Según los historiadores el Pole-sitting está relacionado con la disciplina ascética antigua de los Estilita (del griego stylos, “pilar”) fueron un tipo de cristianos ascéticos que en los primeros días del Imperio Bizantino, estaban por la labor de predicar ayuno y oración, en lo alto de enormes pilares. El primero y probablemente el más famoso fue Simeón Estilita el Viejo, que se subió a uno de los pilares en Siria allá por el año 423 y permaneció en lo alto hasta su muerte 37 años más tarde.
No hace falta decir que la Biblia contiene innumerables hazañas ‘difíciles’ de creer: como Paladio de Galacia(capitulo 48), que habla de un ermitaño en Palestina, que habitaba en una cueva en la cima de una montaña y por espacio de 25 años, nunca volvió su rostro hacia el oeste para que nunca se pusiera el sol en su cara. También San Gregorio Nacianceno (capítulo 37) que habla de un solitario penitente que permaneció muchos años de pie sin acostarse. O quizás (Filoteo, capítulo 28) donde se asegura que un fiel creyente permaneció diez años en una bañera en suspensión en el frío aire del Polo Norte.
La famosa moda de subirse a la columna comenzó en 1924 cuando un actor en paro llamado Alvin Kelly, decidió sentarse en un mástil durante 13 horas y 13 minutos, con tal de recaudar algo de dinero. Fue tal el éxito, que tan extraño espectáculo provocó una serie de imitadores que buscaban fama, dinero y la oportunidad de batir el récord de Kelly. Fueron los comienzos de la eterna resistencia, 12 días, 17 y hasta 21 días.
Durante cinco años Kelly viajó por todo el país sentado en astas de bandera, a menudo como truco de publicidad pagada. Su única forma de alimento fueron líquidos y un pequeño cubo para utilizar de cuarto de baño. En 1929, volvió a romper el récord ante miles de personas congregadas en el gran patio de juegos de América, Atlantic City. Esta vez el tiempo prolongado duró 49 días para el delirio de los presentes y organizadores del evento.
Muchos otros consiguieron batir el record del viejo Kelly que ya comenzaba a recibir factura por tantos años de sacrificio prolongado. Buscadores de fama y dinero como Bill Penfield, un neoyorquino que permaneció sentado durante 51 días y 20 horas en la pequeña ciudad de Strawberry Point, en el condado de Clayton, o Richard Blandy que en 1933, consiguió permanecer en el asta durante 77 días y 5 horas en la feria mundial de Chicago.
Todos querían acabar enriquecidos como el viejo Kelly y todos buscaban los lugares más oportunos o importantes para hacerse ver. La moda del Pole-siting continuaba muy presente. Fueron años de diversión y excentricidades que junto con los espectáculos del showman Phineas Taylor Barnum fueron los más aclamados en EE.UU.
A finales de 1930, la moda de subirse en el asta comenzó a perderse en la historia…
La necesidad de permanecer largos periodos dio paso a esporádicas demostraciones de amor o de simples retos a lo largo de los siguientes años. Como es el caso de Yolanda y Marshall Jacobs que decidieron disfrutar de una curiosa luna de miel en el condado de Coshocton, Ohio, 1946. (Ni es luna ni es miel).
En los años 50 continuaba muy presente el capricho loco de los años 20. Personajes populares como el piloto de carreras Red Zan Norman que de acuerdo con una apuesta con otro piloto en el Daytona Beach, permaneció en lo alto del circuito durante un periodo de 117 días, hasta que terminó la temporada.
El mayor registro y curiosamente el más reivindicativo fue el de H. David Werder que permaneció en lo alto de un poste durante 439 días, 11 horas y 6 minutos, desde noviembre de 1982 hasta el 21 de enero de 1984. Todo ello para protestar por el elevado precio de la gasolina. (El eterno problema).
En la actualidad poco queda del Pole Sitting de los años 20, aunque la base más esencial continua viva en deportes de logros humanos. El actual recordman mundial de sentado en el palo se llama Daniel Baraniuk, un polaco de 27 años de edad que en el 2002 consiguió permanecer durante 196 días con sus noches (descansando 10 minutos cada 2 horas). Su competidor más cercano cayó varios meses antes. Se adjudicó el campeonato y 23.000 dólares de premio.
Más información en Badfads, en Flickr, en Wikipedia, en Ohio.com y en Hub Pages
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